Un viaje a través de Coldplay

Un viaje a través de Coldplay 

Por: Pamela Villafuerte

Me gustaría que cuando leas esto comiences a reproducir en tu cabeza, o en streaming, “Strawberry Swing”. Los agudos acordes de guitarra me parecen el soundtrack ideal para dar inicio a este recorrido.

Hablar de Coldplay me conflictúa un poco, estoy ambivalente entre la nostalgia de sus primeros álbumes y la duda de no saber en qué momento decidieron no seguir por ese camino. Hablar de Coldplay con mis amigos resulta igual de conflictivo, los fans más aguerridos los defienden a capa y espada asegurando que su etapa popera no deja de ser tan buena como los primero años. Sin embargo, muchos nos preguntamos dónde quedaron los genios detrás de X & Y o A Rush of Blood to the Head.

¿Es “Viva la Vida” el último himno que los ingleses nos dejaron para la historia de la música? Después del cuarto álbum, más de uno nos cuestionamos qué pasó en la carrera de quienes lograron llegar a miles de almas con “The Scientist”.

Tras cuatro álbumes que rozaron la perfección – en especial A Rush… considerado uno de los mejores de la historia y mi favorito -  2011 trajo consigo Mylo Xyloto, una medalla más para Bryan Eno, quien formó parte vital en el desarrollo de este quinto material.

La conexión que genera historias dentro de un mismo álbum es un tema común en la carrera de Coldplay, acentuándose esta característica a partir de Mylo Xyloto, material que recibe una nueva década y crea así una brecha entre los primeros diez años en la escena musical y la reinvención de un sonido que apostó totalmente al pop. No podemos decir “pop comercial” porque estamos hablando de Coldplay, banda con casi 40 millones de escuchas al mes, ¿qué tal?

Pasando del folk a un estilo totalmente definido, los último años trajeron a un Coldplay cargado de felicidad pop en Gosth Stories y A Head Full of Dreams. Debo admitir que esos dos álbumes me los pasé por el arco del triunfo. Es cierto que los sencillos de estos materiales sonaron fuerte en el radio, sin embargo estos temas hablaba a audiencias más jóvenes y claro, a fieles fans que crecían a la par de sus ídolos.

La estela de amor, paz y alegría que impregnó los último tres trabajos del quinteto inglés se rompe en Everyday Life, octavo disco que se estrena bajo una estética estilo Chaplin. Dividido como un LP doble cuyas dos mitades se titulan Sunrise y Sunset, Coldplay nos aproxima un poco a las sinfonías del pasado. De inicio, encontramos en “Church” destellos de “Speed of Sound”, lo cual resulta bastante grato viniendo de un álbum con el que Chirs Martin y compañía terminaban de echarse el mundo a la bolsa.

Encontramos en "BrokEn” notas que nos remontan de inmediato a un coro de góspel con privilegiadas voces celestiales, sí, esas voces que son difíciles de encontrar. Es aquí donde dichas voces se enlazan con la textura gutural de Chris Martin. Quien escuchó ya el tema, podrá visualizar un coro vestido con togas largas perfectamente escalonados. Ahora bien, el tema es tal cual una suave narración de coro, sencillo pero con una personalidad que la distingue entre las dieciséis composiciones.

“Daddy” retrata a un Chris al piano, iluminado por una luz en medio de la oscuridad. Aquí encaja perfecta la estética blanco y negro. La pieza es transformada en una dedicatoria de un niño abandonado a su padre. A lo largo de ésta, delicadamente aparece una guitarra al fondo, el sonido es puro, con el sello característico que los fans pueden reconocer con facilidad.

¿Es Everyday Life una máquina del tiempo? Aquí tenemos al Coldplay de los primeros años del 2000. El álbum es fluído, cero pretencioso, donde  Chris Martin, Jon Buckland, Guy Berryman y Will Champion componen en un jamming de sótano.

“Arabesque” es sin duda, un tema con fuerza notoria, las trompetas avivan el oído. La magia de esta pieza recae claramente en los vientos. El solo de saxofón es un monólogo en el que uno puede ver de lejos el protagonismo perfecto de dicha elevándose inalcanzable como estos ídolos ingleses. Es por mucho, mi tema favorito de Everyday Life.

La voz de Martin tiene una inteligencia emocional casi privilegiada, logra hacernos creer que algo bueno saldrá de situaciones difíciles, por medio de historias como “Orphans”, donde la melodía convive paralelamente con la narrativa, envolviéndonos en una estela de positivismo más o menos ingenuo.

Para la segunda mitad, destaca “Cry Cry Cry”, tema cargado de influencias sesenteras con baladas románticas.

La esencia de Coldplay sigue ahí. El altruismo puro de su propuesta y  la espiritualidad que caracteriza su música nos deleitan sin discriminar entre edad o género. Pero esta vez, la música no es de colores, es más bien un consuelo a las comunidades marginadas de una África lastimada.

La nostalgia de “Yellow” y éxitos innegables como “Clocks” nos mantiene atentos a cada uno de sus movimientos, cargados de fuerzas sobrenaturales y resultados casi predecibles. ¡Larga vida a Coldplay!

 

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