Un día lluvioso en Nueva York, Woody Allen vuelve a sus viejos temas con un elenco juvenil desperdiciado

Un día lluvioso en Nueva York, Woody Allen vuelve a sus viejos temas con un elenco juvenil desperdiciado

Por: Marco González Ambriz

En su más reciente película Woody Allen vuelve a colaborar con el legendario fotógrafo italiano Vittorio Storaro, ganador del Oscar en tres ocasiones, y también recluta una vez más a varios jóvenes talentos de la actuación para darle vida a uno de sus guiones. Si en Café Society eran Jesse Eisenberg y Kristen Stewart, ahora los protagonistas de uno de sus clásicos triángulos amorosos son Elle Fanning, Selena Gomez y Timothée Chalamet.

Sin embargo, a diferencia de Café Society, La rueda de la maravilla o Magia a la luz de la luna, que estaban claramente ubicadas en el pasado, su trabajo más reciente coloca a su elenco juvenil en un relato que transcurre en el presente, pero cuyas referencias culturales pertenecen por completo a décadas anteriores. El protagonista masculino, por ejemplo, responde al nombre de Gatsby Welles, en alusión a la novela de F. Scott Fitzgerald y al director de Ciudadano Kane.

No conforme con eso, Allen llena los diálogos con frases en desuso (“he’s so dear”, “in that joint” -refiriéndose a un establecimiento-, “milquetoast”) que ningún millennial en su sano juicio pronunciaría jamás. En una escena temprana, Elle Fanning, en el papel de una estudiante de periodismo, entrevista a un cineasta famoso y toma notas en una libreta, en lugar de grabar la conversación con el celular como todo reportero lo viene haciendo desde hace años.

De hecho, hasta el momento en que uno de los protagonistas hace una llamada con un smartphone el espectador bien podría pensar que Un día lluvioso en Nueva York es una película sobre viajeros en el tiempo o, en todo caso, sobre un extraño universo paralelo donde la tecnología siguió su curso, pero la cultura se quedó atrapada a fines de los 60.

La incongruencia entre la edad de los personajes y su forma de expresarse no es suficiente para distraernos de otra decisión bastante peculiar de Allen. Me refiero a la subtrama donde Elle Fanning es acosada por tres hombres mayores, lo cual es tratado por el director con un tono cómico que pone en aprietos a la actriz, quien no tiene otro recurso que gesticular exageradamente, y que de paso demuestra que Woody Allen no ha aprendido nada sobre los cambios culturales derivados del feminismo y que lo han involucrado directamente.

La fatiga creativa de Allen llega a reflejarse hasta en la puesta en escena. Bajo su dirección hay momentos donde los personajes se amontonan dentro de la pantalla, otros donde los reencuadres se consiguen mediante violentos movimientos de cámara y escenas completas donde el desplazamiento de los actores es excesivamente teatral, como cuando Gatsby visita a su hermano Hunter.

Junto con Storaro, es Selena Gomez, a quien vimos hace poco en la también muy fallida Los muertos no mueren, de Jim Jarmusch, la que sale mejor librada en esta cinta, que sin ser lo peor que ha hecho Woody Allen en los últimos años si está bastante lejos de su mejor época. La típica nostalgia de Allen por una ciudad de Nueva York que ya no existe se hace presente, pero no sucede lo mismo con el ingenio y la viveza de sus obras más logradas.

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