Toy Story 4, una secuela que nadie pidió pero que sigue siendo efectiva

Toy Story 4, una secuela que nadie pidió pero que sigue siendo efectiva

Por: Marco González Ambriz

¿Realmente hacía falta una secuela de Toy Story nueve años después de una tercera parte que para muchos fue el mejor cierre posible para la historia de Buzz, Woody y el resto de sus compañeros?

El escepticismo creció por el escándalo de acoso que forzó la salida de John Lasseter, los retrasos en la fecha de estreno y el hecho de que el proyecto quedó en manos del debutante Josh Cooley. Y sin embargo Pixar una vez más demuestra que, pese a sus altibajos, es una potencia en la animación.

Antes de explicar por qué tengo que mencionar una anécdota personal: mi mamá cuenta que hace muchos años, cuando me despertó para lo que sería mi segundo día de preescolar, yo le expliqué que no era necesario porque “ya fui ayer”. Esto viene a cuento porque hay una escena al principio de Toy Story 4 donde Bonnie, la niña que conocimos al final de la entrega anterior y que recibió los juguetes viejos de Andy, hace un comentario parecido después de su primer día en el kinder.

No es un detalle crucial dentro de la trama ni mucho menos, pero me parece que esa pequeña línea de diálogo de Bonnie explica muy bien por qué Pixar sigue ocupando un papel tan importante en la animación. La capacidad que tienen sus guionistas y dibujantes para observar el comportamiento de la gente y hacer que nos identifiquemos con sus personajes es lo que hace que sus películas sean tan efectivas. Yo no soy muy fan de Pixar pero debo reconocer que la ocurrencia de Bonnie me hizo bajar la guardia.

Es verdad, como dicen algunos críticos, que para Toy Story 4 los guionistas repitieron la situación básica de los episodios anteriores. Una vez más Woody se pierde, rescata a otro juguete, queda atrapado en un lugar donde cree que puede ser feliz, etcétera. En ese aspecto Pixar no se arriesga demasiado a pesar del cambio de escenario. También se puede señalar a la película por reciclar a los personajes secundarios de las primeras tres entregas sin darles algo que hacer, lo cual es muy común en las franquicias hollywoodenses (la serie Rápidos y Furiosos es la principal culpable de esto).

Todo lo anterior es cierto y sin embargo Toy Story 4 es mejor de lo que muchos esperábamos por esa capacidad de observación que es evidente en muchos detalles de los personajes y los escenarios donde se mueven. La habilidad de los animadores de Pixar para recrear situaciones cotidianas es la clave para que sus personajes sean tan expresivos, de modo que su comportamiento es creíble aunque se trate de animales u objetos.

Tal vez el mejor ejemplo de esto es Forky. El nuevo juguete favorito de Bonnie tiene un desarrollo claro a lo largo de la historia a pesar de estar construido con plástico y alambre (y a pesar de que el departamento de marketing de Disney ahora nos quiere vender juguetes oficiales de Forky cuando cualquier niño lo puede construir con material de desecho). La malvada, o tal vez solo incomprendida Gabby Gabby, es otro personaje que evoluciona conforme avanza la trama. Al principio los animadores recrean el aspecto un tanto desagradable de las muñecas antiguas, con los ojos saltones y los párpados que se niegan a permanecer abiertos, pero de alguna manera se las arreglan para que Gabby tenga una apariencia encantadora cuando es necesario.

La versión renovada de Bo Peep que nos presenta Toy Story 4, ahora como personaje protagónico, la pareja de peluches con delirios de grandeza o el acróbata frustrado Duke Caboom también se integran a la trama perfectamente gracias a que sus gestos y su lenguaje corporal son tan expresivos como los de un actor de carne y hueso. Y ya que hablamos de realismo hay que decir que la capacidad que tiene Pixar para recrear texturas y objetos auténticos es sorprendente y a la vez un síntoma de que tal vez estamos llegando a los límites de la simulación.

En Toy Story 4 hay escenas donde las recreaciones de animales y edificios son tan realistas que solo la presencia de Bonnie y los juguetes que se mueven por sí solos nos recuerdan que estamos viendo una caricatura.

Menciono los avances técnicos y los personajes nuevos porque estos pesan más que una historia que no es tan relevante como podía esperarse. De cualquier manera, el dominio que tiene Pixar de la narrativa y el lenguaje audiovisual en esta ocasión es suficiente para evitar las acusaciones de “secuelitis” que habían perseguido a la compañía en los últimos años.

Toy Story 4 no es la mejor de la serie pero en definitiva es muy superior a Monsters University o Cars 2 y nos hace pensar que cuando Pixar retome a estos personajes, como es casi seguro que lo hará, la experiencia será por lo menos entretenida.

Trailer:

 

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