Thom Yorke por fin conquista un terreno propio en ANIMA, su tercer disco solista

Thom Yorke por fin conquista un terreno propio en ANIMA, su tercer disco solista

El tercer disco como solista de Thom Yorke nos muestra a un artista que finalmente ha desarrollado un concepto sonoro sin contar con la banda que lo hizo famoso. ANIMA es un sueño lúcido lleno de sampleos inquietantes y bellas melodías.

Hace poco comentamos la colaboración entre The National y el cineasta Mike Mills que resultó en el disco y cortometraje I Am Easy to Find. En el caso de ANIMA, el tercer disco como solista de Thom Yorke (si no contamos el soundtrack que compuso para la película Suspiria), los colaboradores son igual de importantes

El nombre que más llama la atención es el del cineasta Paul Thomas Anderson, quien dirigió un corto de 14 minutos a partir de la música del disco y que se estrenó en Netflix el mismo día que ANIMA estuvo disponible en plataformas digitales.

El cortometraje contiene homenajes a directores como Stanley Donen o Federico Fellini y además cuenta con la actuación de Dajana Roncione, pareja de Yorke en la vida real.

Pero el colaborador musical es más importante. Nos referimos, por supuesto, al productor Nigel Godrich, con quien Yorke ha trabajado desde hace varios años y que es el principal responsable de darle forma a ANIMA.

Durante la grabación del álbum Yorke le enviaba a Godrich archivos digitales llenos de sonidos electrónicos. Godrich editaba estos archivos para darle forma a las canciones y después Yorke escribía las letras.

Las nueve canciones que conforman ANIMA presentan un paisaje sonoro que no estaría fuera de lugar en una película como Blade Runner, en el que la obsesión de Thom Yorke por los sueños se combina con los sonidos sintéticos para crear varias piezas donde la melodía es menos importante que la experimentación. “The Axe”, por ejemplo, es tan poco convencional como la música que Yorke creó para Suspiria.

ANIMA pudo fácilmente terminar como un proyecto pretencioso, sobre todo porque es un álbum dominado de principio a fin por la personalidad de Thom Yorke, donde su voz se convierte en un instrumento más. Es el disco solista más ambicioso y el más logrado en su carrera hasta el momento.

Mejores canciones:

“Dawn Chorus”, sin duda este es el punto de equilibrio del disco, el momento donde se supera la contradicción entre digital y analógico, donde la esperanza y la resignación se encuentran a través de las palabras de Yorke sobre una base sonora que nos remite a Brian Eno.

“Traffic”, la letra repite con insistencia “I can’t breathe, there’s no water” y esa sensación de angustia que es apenas soportable es una manera arriesgada de empezar un disco. En la parte musical el ritmo insistente se abre paso sobre un terreno hostil de fragmentos electrónicos que establecen la pauta de lo que será el resto del disco.

“I Am A Very Rude Person”, el sonido del bajo tiene puntos en común con el avant-funk de Can, una de las bandas más interesantes del rock experimental de los 70, con la voz de Thom Yorke dándole un toque de serenidad.

Spotify: https://open.spotify.com/album/1g4vEVvVVFvFju0gS0DMbh

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