Terminator: destino oscuro

Terminator: destino oscuro, la obsolescencia no planeada se adueña de la franquicia

Por: Marco González Ambriz

La sexta película de Terminator es un intento por retomar la magia de los dos primeros episodios pero se estrella contra un guión muy mal elaborado, de un pretendido progresismo que resulta bastante fallido.

Cuando los productores de Hollywood meten la pata con una franquicia siempre les queda el recurso de hacer un reboot o secuela que ignora la existencia de los episodios que no funcionaron. Uno pensaría que Hollywood, que se vanagloria de ser la capital del entretenimiento mundial, haría esto sólo como último recurso, pero es algo que hemos visto en series tan diversas como Rocky, Jurassic Park, Superman o X-Men.

Daría la impresión que Terminator es la franquicia perfecta para hacer este tipo de borrón y cuenta nueva porque su premisa se basa en las dislocaciones temporales, lo cual de por sí involucra contradicciones imposibles de resolver. Terminator: Genisys de hecho trató de hacerlo, eliminando a las dos secuelas previas, aunque fracasó porque tenía un guión confuso y con demasiados guiños a sus predecesoras.

Terminator: destino oscuro recurre a la misma estrategia y lo hace con la bendición de John Cameron, quien regresa como productor y coautor de la historia original. Vuelve también Linda Hamilton para reasumir el papel que marcó su carrera, como parte de un elenco predominantemente femenino, y sin embargo esta entrega es tal vez la peor de toda la serie.

De entrada, el equipo de guionistas deja claro que la historia va a quedar subordinada a la nostalgia y a los efectos especiales desde la primera secuencia de acción. Hay un pequeño prólogo en el que vemos a dos visitantes del futuro llegar a nuestra era, en concreto a la Ciudad de México, y para crear suspenso no se nos informa cuáles son sus intenciones hasta que ambos llegan al mismo tiempo a una ensambladora, donde trabaja la heroína Daniela Ramos.

Los productores tienen tanto miedo de intentar algo nuevo en este tipo de franquicias que era previsible que repetirían la dinámica de Terminator 2, con un asesino robótico imparable que trata de asesinar a Dani mientras el otro agente temporal, en este caso un ser humano tecnológicamente aumentado, la protege. Escenas, diálogos (entre ellos el manido “I’ll be back”) y personajes son reciclados sin rubor, siendo la principal diferencia que los estelares, incluyendo al modelo más reciente de Terminator, son mujeres y/o latinos.

Nada hay de malo en querer actualizarse, pero si la idea era darles a las mujeres el papel que merecen habría que hacerlo con un libreto más decente, uno donde las heroínas no fueran tontas, egoístas, berrinchudas, impulsivas, torpes y se comunicaran entre sí casi exclusivamente con los insultos pueriles que vemos en Monday Night Raw o en la serie Rápido y furioso.

Como ejemplo de lo ineptos que son estos personajes basta la escena donde Linda Hamilton hace su regreso triunfal, salvándole la vida a las otras dos heroínas, quienes de inmediato muestran su desagradecimiento y estupidez robándole el vehículo y abandonándola a su suerte, a pesar de que es obvio que Sarah Connor está de su lado y no tendrá problema alguno en rastrearlas.

Por su parte, Sarah demuestra nulas cualidades de liderazgo, lo cual deja muchas dudas sobre el papel de Dani de cara al futuro (nunca mejor dicho). Peor le va a Arnold Schwarzenegger, pues los guionistas lo hacen regresar en una escena de auténtica pena ajena, el punto más bajo no sólo de la película sino de toda la franquicia, cuando descubrimos a qué se ha dedicado el robot asesino del futuro en todo este tiempo.

Eso nos deja las escenas de acción, que son vistosas pero muy similares a las de cualquier película de superhéroes. A fin de cuentas, están hechas con los mismos efectos digitales que cualquier subproducto de Marvel y esa es otro factor que le resta frescura a esta última entrega de una serie que nunca debió prolongarse más allá de la segunda parte.

 

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