Sleater-Kinney se arriesga con un sonido nuevo en The Center Won’t Hold

Sleater-Kinney se arriesga con un sonido nuevo en The Center Won’t Hold

Sleater-Kinney cumplen 25 años de carrera como una de las voces más importantes del rock alternativo con su noveno álbum, producido por St. Vincent y que modifica de forma sustancial el sonido del grupo.

Cuando se anunció que Annie Clark, mejor conocida como St. Vincent, sería la productora de The Center Won’t Hold todo el mundo sabía que se avecinaba un cambio en el estilo del grupo. Lo que seguramente nadie adivinaba es que Janet Weiss, una de las mejores bateristas del rock y quien fue la que ocupó ese lugar en Sleater-Kinney durante más tiempo, argumentaría que el cambio en la dirección del grupo era la razón para despedirse de sus compañeras apenas un mes antes de que se estrenara el álbum.

En los discos clásicos de Sleater-Kinney había un equilibrio entre las tres integrantes. El diálogo entre las voces, y las guitarras, de Corin Tucker y Carrie Brownstein, se complementaba con la fuerza en las percusiones de Weiss, generando una energía que se manifestaba en descargas de tres minutos.

Los discos anteriores del grupo buscaban preservar esta interacción con un sonido orgánico, que recreaba la potencia de Sleater-Kinney sobre el escenario, sin mayores adornos, sobre todo en el clásico The Woods, de 2005.

Con St. Vincent como productora esto tenía que cambiar, por eso nadie puede asombrarse de que la canción que abre y da título al disco sea mucho más experimental, con en el estudio de grabación mismo convertido en el instrumento principal.

The Center Won’t Hold contiene canciones, como “Hurry On Home” o “Reach Out”, donde la producción nos deja escuchar con más claridad los coros y las melodías que siempre han sido un elemento esencial de Sleater-Kinney. Esta es la aportación más positiva de Annie Clark.

Pero cuando un disco es tan ecléctico siempre existe el riesgo de que se vuelva incoherente, algo que le pasa al grupo en la melodramática “Ruins” o en la sarcástica “Bad Dance”. Sería fácil atribuirle esto a Annie Clark, de no ser porque en esta ocasión cada una de las integrantes de Sleater-Kinney grabó demos en su computadora por separado.

Cuando ponemos atención a las letras, que son una respuesta directa al régimen de Trump y las expectativas que se tienen de las mujeres cuando tienen más de 40 años (el clásico “¡ya siéntese, señora!”), no podemos dudar de la sinceridad de Brownstein y Tucker, ni del valor que tienen para adentrarse en terrenos desconocidos, pero cabe esperar que el siguiente álbum de la banda tenga un sonido mejor definido y que no se apresure tanto en desechar lo que distinguía a Sleater-Kinney.

 

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