¿Por qué las telarañas no se descomponen?

¿Por qué las telarañas no se descomponen?

Investigadores en Taiwán descubren la clave para explicar cómo es que la tela de araña puede resistir tanto tiempo sin descomponerse.

La primera imagen que se nos viene a la mente cuando pensamos en una casa embrujada o en un panteón es la de una telaraña y durante mucho tiempo los científicos se han preguntado por qué este material no se descompone tan rápido, sobre todo cuando recordamos que está diseñado para atrapar insectos cuyos cadáveres deberían atraer bacterias para degradarlas.

Investigaciones previas habían sugerido que las telarañas debían tener algún tipo de propiedad antimicrobiana que eliminara a las bacterias. De este modo se explicaría por qué la tela de araña puede resistir horas o incluso semanas sin pudrirse, a pesar de ser un material orgánico y de que con frecuencia queda cubierto con fragmentos de hojas y otros desechos que deberían acelerar el proceso de descomposición.

Sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad Tunghai en Taiwán decidió poner a prueba esta hipótesis y encontró un factor que no se había contemplado previamente.

Los científicos colocaron telaraña de tres especies tropicales distintas, la araña dorada (Nephila pilipes), la araña lobo (Hippasa holmerae) y la araña tejedora (Cyrtophora moluccensis), en placas de Petri y cultivaron cuatro tipos de bacteria, entre ellas E. coli, en líneas perpendiculares sobre la tela. La idea era que si la telaraña tenía propiedades antimicrobianas los puntos donde se cruzaba con las líneas de las bacterias deberían quedar libres de microorganismos.

Esto no fue lo que se observó, por lo que los investigadores dedujeron que las bacterias sí podían vivir sobre la tela de araña, pero sin acceso al nitrógeno que les serviría para crecer y reproducirse. Para poner a prueba esta nueva hipótesis mojaron la tela con nutrientes y pudieron notar cómo el nitrógeno adicional les facilitaba a los microorganismos descomponer la telaraña.

Los científicos creen que el mecanismo que impide que las bacterias tengan acceso al nitrógeno puede ser una capa de grasa o una proteína compleja. Será necesario que el experimento sea repetido por otros investigadores para confirmar esta nueva hipótesis pero podría ser una pista para entender cómo es que algunos organismos resisten a las bacterias.

 

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