Ni Indiana Jones se salva de los algoritmos: la inteligencia artificial descubre glifo en Nazca

Ni Indiana Jones se salva de los algoritmos: la inteligencia artificial descubre glifo en Nazca

Durante muchos años los arqueólogos se han quejado que la idea que transmiten las películas de Indiana Jones sobre su oficio es falsa, algo que por otra parte sucede con casi todas las profesiones.

Una de las quejas de los expertos en el estudio de las civilizaciones antiguas es que los hace ver como investigadores poco sofisticados, que únicamente desentierran artefactos y ruinas con herramientas simples, cuando la realidad es que desde hace mucho tiempo han recurrido a las tecnologías más avanzadas, incluyendo imágenes satelitales, para hacer su trabajo.

El ejemplo más reciente, y que de paso nos demuestra que ni los arqueólogos se salvan de ser reemplazados por las máquinas, es un estudio realizado por científicos japoneses, quienes usaron el aprendizaje automático para identificar por primera vez una figura trazada en las famosas Líneas de Nazca, en Perú, y que hasta ahora había pasado desapercibida para el ojo humano.

Esta zona del desierto peruano ha sido ampliamente explorada desde hace muchos años y puede parecer extraño que se sigan descubriendo nuevos geoglifos (el nombre correcto de estas figuras), sin embargo, hay que considerar que pueden ser bastante difíciles de detectar debido a la presencia de objetos o caminos más recientes.

Los geoglifos de Nazca siguen siendo misteriosos, aunque se sabe que se trazaron quitando las piedras en la superficie del desierto, que son oscuras, para revelar la arena más blanca que está debajo.

La figura recién descubierta es un humanoide de unos cinco metros de altura, es decir que es bastante pequeño en comparación a muchas otras figuras de Nazca, que pueden llegar a medir hasta 370 metros. Los arqueólogos dividen los dibujos de Nazca en dos tipos, el tipo A son las figuras grandes y el tipo B son más pequeñas y antiguas. La recién identificada pertenece al tipo B.

Este último hallazgo forma parte de un programa desarrollado durante años por investigadores de la Universidad Yamagata. Durante más de una década identificaron 142 nuevas figuras en el desierto combinando el trabajo sobre el terreno con las imágenes aéreas, mediante el uso de drones. Después, colaborando con expertos de la división japonesa de IBM, usaron la inteligencia artificial para buscar figuras que pudieron haber pasado por alto, con lo que se encontró la figura humanoide que es el descubrimiento número 143 de ese programa.

 

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