Midway: batalla en el Pacífico, un espectáculo audiovisual que recrea un combate decisivo

Midway: batalla en el Pacífico, un espectáculo audiovisual que recrea un combate decisivo

Por: Marco González Ambriz

Lo menos que puede esperarse de una película de Roland Emmerich es que sea espectacular y la primera secuencia de acción, tras un breve prólogo que introduce a dos de los personajes, cumple con esa promesa. Ahí Emmerich recrea el ataque japonés a Pearl Harbor, con explosiones que envidiaría el mismo Michael Bay y efectos especiales que subrayan la magnitud del desastre para los estadounidenses.

La mejor faceta del director de 2012 y Día de la independencia está presente en esa escena. Inmediatamente después, sin embargo, Emmerich nos recuerda que también es el responsable de Godzilla y El día después de mañana, al tener que explicar el desarrollo de la guerra desde Pearl Harbor hasta la batalla marítima de Midway seis meses más tarde.

Midway es un combate histórico porque equilibró las fuerzas navales de Japón y Estados Unidos. Hasta entonces los nipones gozaban de una gran superioridad en cuanto a buques militares y además tenían aviones de combate más avanzados, manejados por pilotos que habían demostrado que la supuesta inferioridad racial de los asiáticos no era más que un mito.

Previamente se libró la Batalla del Mar de Coral, la primera en la historia donde las flotas enemigas nunca se avistaron ni estuvieron al alcance de la artillería, pues la batalla se libró con aviones que buscaban hundir a los barcos contrarios. Más tarde Midway confirmaría la importancia estratégica de los portaaviones.

En la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando Hollywood contribuyó al esfuerzo bélico filmando un gran número de películas de propaganda, el público estaba bien informado sobre el desarrollo de la guerra y por eso no era necesario perder demasiado tiempo en este tipo de explicaciones.

Emmerich, por el contrario, está trabajando en una época donde la mayoría de la gente ignora casi por completo los eventos más relevantes de ese conflicto armado. No le queda otra que tratar de explicar, en apenas un par de horas y con todas sus limitaciones dramáticas a cuestas, una historia compleja, donde la criptografía era tan importante como la logística.

Para complicarle más las cosas, el guión emula a la cinta Tora! Tora! Tora!, dirigida en 1970 por Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda, al mostrar en pantalla los puntos de vista de americanos y japoneses, tal vez no de forma equitativa pero sí respetuosa para los asiáticos.

Esto último incluye a los chinos, pues en la película también se incluye la Operación Doolittle, cuando los norteamericanos bombardearon Tokio en abril de 1942, causando pocos daños materiales pero un gran impacto psicológico en un país que nunca había sido invadido. Después de cumplir su misión, los americanos llegaron al territorio chino ocupado por los japoneses, una subtrama que se pierde dentro de la gran cantidad de datos que debe manejar Emmerich.

A lo largo de toda su carrera el cineasta alemán se las ha visto negras para filmar diálogos, emociones o de hecho cualquier tipo de interacción humana. Midway no es la excepción, de ahí que las escenas donde los militares se reúnen para discutir los puntos finos de la estrategia naval pueden poner a dormir al más entusiasta seguidor del cine bélico.

Por suerte para Emmerich, para representar a estos personajes históricos cuenta con el apoyo de actores muy profesionales, entre ellos Woody Harrelson, Tadanobu Asano o Dennis Quaid, que son capaces de hacer estos papeles hasta dormidos… y muchos de ellos probablemente lo estaban, porque los diálogos y la puesta en escena no les exigen nada.

Dejando a un lado el sonambulismo del reparto, hay que reconocer que a pesar de todo lo anterior las escenas de combate son emocionantes y comunican lo incierto que era el resultado de la batalla. El valor de los pilotos, que debían lanzarse en picada sobre los portaaviones, aunque esto significaba volar directamente hacia las defensas antiaéreas del enemigo, queda bien reflejado en la película y justifica el precio del boleto, sobre todo en pantalla grande.

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