Jurassic World: Fallen Kingdom

Jurassic World: Fallen Kingdom. Mejor que la anterior, pero no por mucho.

Por: Marco González Ambriz

Para muchos de los que crecimos viendo películas de ciencia ficción, fantasía y terror de bajo presupuesto, que por supuesto eran las únicas que se producían hace algunas décadas, esta nueva era de Hollywood nos deja sentimientos encontrados. Por una parte, podemos disfrutar de efectos especiales incomparables, que nos transportan a planetas lejanos, que nos hacen creer que los superhéroes realmente existen o, en el caso de la franquicia Jurassic Park, que cumplen con la fantasía infantil de contemplar dinosaurios con el mismo nivel de detalle de un animal verídico.

Y sin embargo, muchos lamentamos que la libertad de los efectos especiales sea contrarrestada por la obsesión de los ejecutivos de Hollywood en contar la misma historia una y otra vez, repitiendo los mismos escenarios, las mismas situaciones y hasta los mismos diálogos, en parte por el temor de lo que puedan expresar los fans a través de las redes sociales, pero sobre todo por el miedo, el mismo que siempre han tenido, a invertir grandes cantidades en algo que no esté comprobado. De ahí que la anterior Jurassic World fuera una incoherente repetición de Jurassic Park, con la misma estructura básica, con algunos dinosaurios híbridos y con la suprema estupidez de ver a Bryce Dallas Howard corriendo de un lado a otro en tacones.

En el caso de Jurassic World: Fallen Kingdom, el director español J.A. Bayona demuestra una cierta capacidad para generar suspenso en una secuencia inicial que repite los aciertos de Spielberg al revelar a los dinosaurios gradualmente. No obstante, de inmediato aparece Jeff Goldblum para soltar un confuso discurso frente al Congreso de Estados Unidos, que debe decidir si los dinosaurios de Isla Nublar merecen ser rescatados o si es mejor dejar que se extingan cuando un volcán que está a punto de hacer erupción borre del mapa al fallido parque de atracciones.

Uno puede preguntarse cómo es que los creadores de Jurassic World no tomaron en cuenta que existía el riesgo de actividad volcánica en un parque abierto al público, pero esto es algo que a los guionistas de la película no les importa demasiado. Diga lo que diga Goldblum, lo que cuenta en la película no es debatir los problemas éticos de revivir especies extintas sino reunir a Bryce Dallas Howard con Chris Pratt para que regresen a la isla y gracias al apoyo de un socio de John Hammond, al que hasta ahora nadie había mencionado, rescaten a la mayor cantidad posible de dinosaurios, mismos que serán transportados a un nuevo santuario.

El pretexto es que el personaje de Bryce Dallas Howard forzosamente tiene que ir porque la tecnología biométrica de Isla Nublar, la que les permitirá rastrear a los dinosaurios, solo funciona si ella pone la mano sobre una pantalla. De nuevo el espectador se pregunta si no es ilógico que un lugar como Jurassic World dependa tanto de una sola persona, a lo que los guionistas responden que eso no importa, mientras nos distraen con lo que básicamente es una repetición de la película anterior, con el caos desatado por la erupción del volcán permitiendo que los héroes escapen de unos malos muy malos que tienen un plan siniestro con los dinosaurios capturados.

Una de las maneras como se puede evaluar una historia de aventuras y ciencia ficción, y Jurassic World: Fallen Kingdom es más lo primero que lo segundo, es por sus villanos. Lamentablemente, los de la película de Bayona son tal vez los más aburridos, ineptos e ingenuos de toda la saga. Baste con decir que los villanos en más de una ocasión encierran a los héroes en un lugar del que pueden escapar con relativa facilidad y también que cuando finalmente nos enteramos de cuál es el plan maligno es algo digno de un episodio de Scooby Doo. Sin decir nada que pueda considerarse spoiler también debo decir que el plan de los malvados niega por completo el supuesto dilema moral que los protagonistas enfrentan en la penúltima escena, cuando deben decidir si aprietan o no un botón. Para ese momento la caja de Pandora ya está abierta y da lo mismo si lo hacen o no.

El otro gran problema de la cinta es la falta de suspenso. En parte esto se debe a que no parece haber mucho en juego desde el momento en que todo transcurre en una sola mansión donde los personajes se esconden de los dinosaurios. Y eso cuando no entran por su propia voluntad en la jaula del Indoraptor, uno de los más peligrosos, en otra escena que es de una tontería sublime. No hay tensión porque hasta el espectador más distraído sabe que nada malo le puede pasar a Chris Pratt ni a Bryce Dallas Howard, y tampoco a los dos millennials insoportables que los acompañan. Todos ellos sin excepción, junto con la niña que se encuentran en el camino, tienen que llegar vivos al final de la película, otra de las razones por las que Jurassic World: Fallen Kingdom nos deja la sensación de ser un episodio en una serie de televisión más que un blockbuster veraniego.

Trailer: