John Wick 3: Parabellum, una de las mejores películas de acción del 2019

John Wick 3: Parabellum, una de las mejores películas de acción del 2019

Por: Marco González Ambriz

Cuando John Wick se estrenó en 2014 pocos imaginaban que sería el inicio de una de las mejores series del cine de acción contemporáneo. Un Keanu Reeves de 49 años cuya carrera estaba en declive, un director desconocido y una historia simplona sobre un asesino que buscaba vengar la muerte de su perro eran factores que no inspiraban demasiada confianza, para ser honesto, y sin embargo esa primera entrega supo aprovechar las limitaciones de su actor principal, el pasado como stuntman del director Chad Stahelski y una trama que no se interponía entre las peleas y los balazos.

A los responsables de John Wick también debió tomarles por sorpresa el éxito de la película porque en la secuela, además de coreografías de combate con la misma eficacia, se decidió expandir la mitología del submundo de asesinos en torno al hotel Continental. Las escenas que exploraban las reglas que regían a los criminales eran de una solemnidad que no encajaba muy bien con el tono de la cinta anterior y eran sobre todo innecesarias. Lo más memorable de la secuela, además de la acción, eran personajes como Ares (Ruby Rose) o Bowery King (Laurence Fishburne), que realmente no requerían de mayores explicaciones sobre su pasado o motivaciones para ser interesantes.

La tercera película sigue en el mismo tenor. Retoma la historia casi en el mismo punto donde terminó la anterior, cuando John rompió la regla principal del Continental y el administrador del lugar le concedió una hora de ventaja antes de declararlo “excomunicado”. Parabellum inicia cuando aún le restan a John veinte minutos de ese periodo de gracia antes de que todos los asesinos profesionales del mundo, que en este universo fílmico parecen constituir el 20% de la población, quieran cobrar el precio de 14 millones de dólares por su cabeza.

De inmediato Parabellum nos recuerda por qué John Wick es una serie tan popular con tres secuencias de acción que confirman la maestría de Stahelski y su equipo de stuntmen. Cada una tiene un estilo particular y nos recuerdan que John Wick siempre ha tenido una saludable dosis de humor, negro como el Vantablack pero humor al fin. La primera es una pelea en la Biblioteca Pública de Nueva York donde el protagonista blande un libro como arma y al concluir el combate, faltaba más, lo vuelve a poner en su lugar.

La segunda transcurre en una armería donde Wick y sus oponentes, de alguna Tríada china, compiten entre sí para romper las vitrinas y así tener acceso a un sinnúmero de cuchillos. La inventiva de esta secuencia nos recuerda la época de oro del cine de kung fu hongkonés, cuando directores como Lau Kar Leung o Sammo Hung eran capaces de montar auténticas obras maestras de violencia con objetos de uso común: herramientas de labranza, utensilios de cocina, etc. En Parabellum esta creatividad llega a su culminación cuando el protagonista elimina a un par de mafiosos italianos con ayuda de un caballo.

La energía del inicio se disipa un poco cuando llegan las inevitables escenas de diálogo. Siempre se agradece ver a actores como Anjelica Huston o Jerome Flynn en esta clase de películas y aunque sus personajes son pintorescos al final uno se queda con el recuerdo de Halle Berry, quien no solo interpreta a una asesina con la misma destreza que John Wick sino que además se hace acompañar de dos perros entrenados para triturar miembros. Otro actor con una participación notable es Mark Dacascos, quien nunca tuvo el reconocimiento que se merecía en el género de acción y que aquí rebasa el estereotipo de oriental inescrutable con un par de escenas donde le confiesa a John Wick su admiración.

Pese a los esfuerzos del guionista Derek Kolstad por explorar el universo del Continental, a través de personajes como la Adjudicadora, John Wick 3 es una película donde el argumento casi está de más. En el balance final pesan más los momentos de brutalidad, como cuando un personaje sostiene un cuchillo a centímetros del ojo de su contrincante o cuando el conserje del Continental comprueba la efectividad de una escopeta, que el viaje del protagonista al desierto.

Esto no es un defecto de la serie, más bien es lo que la distingue. El guión de la siguiente entrega podría escribirse en una servilleta y el público seguirá aplaudiendo, siempre y cuando Chad Stahelski siga planeando las escenas de acción para desarrollarse en planos abiertos y tomas largas, con cortes en movimiento para disimular el instante en que Keanu es reemplazado por su doble, y mientras siga respaldado por un equipo de stuntmen dispuestos a arrojarse desde motocicletas en movimiento en aras del cine de acción.

 

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