Hay una región del cerebro que hace que le tengas miedo a algunos robots

Hay una región del cerebro que hace que le tengas miedo a algunos robots

Se llama efecto de “valle inquietante” (del inglés “uncanny valley”) a esa sensación desagradable que sientes al observar a un androide o a una simulación computarizada de una persona que es muy realista pero que tiene algunos detalles artificiales.

Un equipo de científicos ha descubierto que este efecto no está solo en tu imaginación y que de hecho está asociado a una región del cerebro.

En 1970 el investigador japonés experto en robótica Masahiro Mori fue el primero en hablar del “valle inquietante” para describir el sentimiento que nos provoca el ver una recreación de un ser humano.

La hipótesis de Masahiro Mori era que la reacción de una persona hacia un robot es más positiva entre más realista sea el androide, pero que había un punto, justo antes de que estos seres artificiales fueran idénticos a un ser vivo, donde ese sentimiento se volvía negativo.

Un equipo de neurocientíficos puso a prueba la hipótesis de Masahiro Mori con un experimento en dos partes. Primero, hicieron un escaneo de resonancia magnética funcional por imágenes (fMRI) para observar la actividad cerebral de 21 individuos donde se les mostraron imágenes de otros humanos, de robots humanoides y de “humanos artificiales”.

Estos últimos eran fotografías de personas cuyos rasgos habían sido ligeramente distorsionadas con cirugía plástica o con retoque digital.

En la primera actividad se les pidió a los voluntarios que evaluaran qué tan agradable era cada imagen. Después los participantes tenían que elegir entre pares de estas imágenes, de acuerdo a cuál de las dos preferirían que les entregara un regalo.

Tal como lo predijo el efecto del “valle inquietante” los individuos calificaron a los robots más humanos como más agradables pero esta opinión se revirtió con los “humanos artificiales”.

La resonancia magnética reveló que la corteza prefrontal ventromedial mostraba mayor actividad de acuerdo al efecto del “valle inquietante” en los voluntarios.

La actividad en esta región del cerebro era mayor en las imágenes parecidas a humanos, pero bajaba en respuesta a los “humanos artificiales”, sobre todo en la gente que tuvo la reacción más negativa.

De este modo, el experimento pudo confirmar que cada uno de nosotros tiene un límite distinto para llegar al “valle inquietante”. Esto explica por qué un androide puede ser repugnante para una persona y al mismo tiempo ser simpático o incluso atractivo para otra.

Aunque no lo creas, algunos de estos robots de última generación son juguetes sexuales.

Esta es información muy útil para los diseñadores de androides, ya que la reacción de la corteza prefrontal ventromedial puede variar de acuerdo a las experiencias sociales.

Una interacción positiva con un robot que al principio produce una sensación de malestar podría ayudar a hacerlo más tolerable con el tiempo. Los expertos en robótica nos dicen que en un futuro próximo los androides de aspecto humano estarán en todas partes, así que más vale acostumbrarse.

 

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