Guasón, el origen del payaso asesino se sostiene en un extraordinario Joaquin Phoenix

Guasón, el origen del payaso asesino se sostiene en un extraordinario Joaquin Phoenix

Por: Marco González Ambriz

 

El origen del archienemigo de Batman es narrado con un estilo que se aleja por completo de lo que se acostumbra en el cine de superhéroes pero que tampoco es totalmente innovador, pues se apoya en lo construido por Martin Scorsese.

Hay dos formas de evaluar a Joker, como parte del cada vez más rutinario género de superhéroes y como una obra que debe sostenerse por sí misma, algo que parece insólito en un panorama cinematográfico donde todos los productos deben formar parte de un universo más amplio o cuando menos tener el potencial de inaugurar una franquicia.

Bajo el primer parámetro Joker está indudablemente entre las mejores películas basadas en los cómics de superhéroes y la estrategia del director Todd Phillips para alcanzar esto es evitar todo lo que se considera indispensable en el género tras el éxito comercial de Marvel. Aquí no hay chistes forzados, ni escenas postcrédito y las referencias a Batman se mantienen al mínimo.

De hecho, hay poco que pueda llamarse “entretenimiento” en una película que explica con tanto detalle la vida miserable de Arthur Fleck, el futuro Guasón, abundando en la enfermedad mental que se manifiesta en ataques incontrolables de risa, en una vida marcada por la precariedad económica y la relación con una madre desvalida, donde lo único que lo anima a seguir adelante es triunfar como comediante y establecer una relación con la vecina de al lado, anhelos que el espectador identifica como irrealizables y que nos hacen sentir cierta empatía por él.

A medida que esos sueños se frustran, y los escasos vínculos que Arthur mantiene con el resto de la humanidad se rompen, el eterno perdedor desaparece para ser reemplazado por el psicópata, alguien que puede matar sin ningún remordimiento porque cualquier código moral que se le haya inculcado se ha disuelto en un coctel tóxico de rencor y autocompasión.

Para ser convincente dicha transformación requería de un actor que estuviera totalmente comprometido con el papel y que no mirara al personaje por encima del hombro sólo por tener su origen en las historietas (como sí lo hizo Jack Nicholson en su momento). En ese sentido la elección de Joaquin Phoenix para interpretar a Arthur Fleck es inmejorable y no se limita solamente a los kilos que perdió o a sus grotescas carcajadas. Es en los momentos donde se siente traicionado, cuando es rechazado por sus terapeutas y sus ídolos, donde Phoenix nos demuestra que las mejores actuaciones son muchas veces las más contenidas.

Por otra parte, si colocamos a Joker dentro de un contexto más amplio es necesario reconocer la deuda que Todd Phillips tiene con películas como Taxi Driver o El rey de la comedia. La descripción del entorno y el argumento mismo resultarán familiares para quienes conozcan esas dos obras capitales de Scorsese, algo que el mismo Phillips admite al incluir en el elenco a Robert DeNiro, en un papel muy similar al que hacía Jerry Lewis en The King of Comedy.

Si miramos más allá de la filmografía de Scorsese encontraremos otras películas que también han adoptado la perspectiva de un psicópata (sin que esto signifique aprobarla, por supuesto) y que son más incisivas que Joker. Cintas como M, de Fritz Lang, Henry: Portrait of a Serial Killer, de John McNaughton, o Tony Manero, de Pablo Larraín, que nos recuerdan que pese a su excelente manufactura y la imponente actuación de Joaquin Phoenix este acercamiento a la locura no es insuperable.

Aún así, son muchos los críticos de Joker que están tomando el punto de vista del personaje al pie de la letra, aceptando su apoteosis final como un llamado a la violencia o una justificación para los impulsos más destructivos de un sector del público, olvidando tal vez que dentro de la misma película se nos advierte que el personaje es muy dado al autoengaño.

Esto no es sorprendente. Siempre que una película tiene a un narrador que no es confiable y que comete actos antisociales, como en The Killer Inside Me o Tropa de élite, son muchos los críticos de cine profesionales que le dan una lectura superficial a la narración y creen que si el protagonista actúa de esa manera lo hace con la bendición del director o que la cinta le está dando instrucciones al público. En Joker claramente no es así y aunque no llega al rango de “obra maestra” sí es lo bastante compleja para comprobar que el cine de superhéroes no tiene por qué limitarse al espectáculo vacío al que nos han acostumbrado.

 

Trailer:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *