El rey león, las aventuras de Simba en el valle inquietante

El rey león, las aventuras de Simba en el valle inquietante

Por: Marco González Ambriz

El controvertido remake de El rey león, con imágenes realistas que reemplazan la vieja animación en 2D, es mejor de lo que podía esperarse gracias al trabajo como director de Jon Favreau, pero la duda persiste: ¿había una buena razón, más allá del dinero, para hacerlo?

La versión original de El rey león, o no tan original si aceptamos que varias escenas se inspiraron en el anime Jungle Taitei de Osamu Tezuka (aunque Disney insiste en negar lo evidente), es una de las películas de animación más queridas y admiradas de la historia, un relato que llegó a las pantallas justo antes de que Pixar cambiara las reglas del juego.

A diferencia de otros remakes en live-action de Disney aquí no hay personajes humanos que podrían beneficiarse de ser interpretados por actores de carne y hueso, por lo que había bastante escepticismo sobre una película que tomaba a Simba, Mufasa, Scar y Nala para reemplazarlos por leones recreados por computadora, perdiendo así la expresividad de los rostros y la comedia física, dos campos donde la animación tradicional es difícil de superar.

En parte el escepticismo está justificado. Uno puede maravillarse de los avances técnicos que hacen que efectivamente los leones, las suricatas, las jirafas y las hienas parezcan reales. Se puede apreciar también cómo Favreau y el equipo de animadores se esforzaron por usar el comportamiento natural de estos animales en servicio de la narración, transmitiendo por ejemplo las artimañas de Scar sin caricaturizarlo.

A pesar de todo esto es imposible olvidar la incongruencia de algo que parece un documental sobre fauna africana pero donde los protagonistas hablan inglés y cantan como si estuvieran en Broadway.

Otros remakes de live-action de Disney, en específico Dumbo y Aladdin, sufrían porque la regla no escrita de que los blockbusters actuales deben durar al menos dos horas los sometía a escenas de relleno.

En este aspecto El rey león integra bastante bien los elementos nuevos, algunos de ellos forzados por la necesidad de realismo, y gracias a esto la película tiene el ritmo narrativo del Hollywood de antaño, donde los directores se tomaban el tiempo necesario para desarrollar cada escena, sin la obligación de poner peleas o persecuciones cada diez minutos.

Los diálogos adicionales le dan la oportunidad a Billy Eichner y Seth Rogen de conquistar un terreno propio al interpretar a Timón y Pumba, que siguen siendo igual de divertidos aunque hay un ligero desfase entre los chistes y las imágenes.

El resto del elenco, que incluye a Chiwetel Ejiofor como Scar y John Oliver como Zazu, tiene que luchar contra la camisa de fuerza de la animación y sale más o bien librado. La excepción es Beyoncé, que lee sus diálogos sin emoción y acentuando cada sílaba.

Al final queda la sensación de que los realizadores de esta versión de El rey león se concentraron en el aspecto tecnológico a falta de un motivo más convincente para volver a contar la historia de Simba y Mufasa. A lo largo de la filmación Jon Favreau debe haberse preguntado cuál era la razón de ser de esta nueva película. Tristemente, el resultado final nos indica que nunca encontró la respuesta.

Trailer:

 

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