Eat the Elephant

Eat the Elephant es el decepcionante regreso de A Perfect Circle

Por: Marco González Ambriz

Tras una ausencia de 14 años era imposible que A Perfect Circle cumpliera con las expectativas de los fanáticos que esperaban que la banda regresara con una grabación del calibre al menos de Thirteenth Step, algo que les hiciera olvidar que su último álbum oficial fue la horrenda colección de covers antibélicos eMOTIVe.

La buena noticia para los fans de Maynard James Keenan y Billy Howerdel es que Eat the Elephant es mucho mejor que eMOTIVe, aunque la intención política de aquella desastrosa grabación aquí se hace presente de vez en cuando. La mala, sobre todo para los que cruzaron los dedos con tal de que A Perfect Circle los llevara de vuelta a esa obra maestra del metal alternativo que es Mer de Noms, es que este nuevo disco se pudo haber editado bajo el nombre de Puscifer, el inusual proyecto con el que Keenan se entretuvo en el intervalo.

"Eat the Elephant", el track que abre el disco, es casi una balada y es el mejor ejemplo de que a Keenan y Howerdel les tienen sin cuidado los deseos de los fans. La guitarra le cede paso al piano, tocado por el mismo Howerdel como casi todos los instrumentos del disco, con excepción de las percusiones que corren por cuenta de cuatro bateristas distintos, incluyendo al productor Dave Sardy. A favor de la banda se puede decir que la técnica vocal de Keenan sigue siendo sobresaliente, exquisita incluso cuando sus letras se vuelven pedestres, algo que es evidente en la canción que se escucha a continuación.

“Disillusioned” tiene un sonido ligeramente más áspero, con detalles electrónicos que le añaden un poco de disonancia y la guitarra de Howerdel ocupando un lugar más importante dentro de la mezcla, pero con el mismo teclado de la primera canción y lo que parece incluso el mismo ritmo semilento de “Eat the Elephant”. Peor aún, la letra es casi una parodia de un señor regañando a los millennials que no le ponen atención por estar viendo la pantalla de sus teléfonos (“Time to put the silicon obsession down / Take a look around, find a way in the silence”).

En el aspecto musical la monotonía no cesa con “The Contrarian”, que añade cuerdas pero se empeña en seguir con el mismo mid-tempo de los tracks previos. “The Doomed” por fin brinda un poco de energía, con unos riffs de guitarra que por unos instantes nos recuerdan a los de “Judith”, pero a cambio Keenan saca a relucir lo peor de su repertorio como escritor, en esta ocasión exhortando al oyente a celebrar a los glotones, a los estafadores y a los vanidosos, para finalmente preguntarse qué fue de los piadosos y de los pacíficos. Si me dijeran que Keenan escribió estos versos cuando tenía 15 años no me extrañaría.

Para este momento ya es obvio que la ausencia de Josh Freese en la batería es el elemento que le falta a Eat the Elephant para estar a la altura de los discos clásicos de A Perfect Circle. “The Doomed” concluye con un segmento que resulta más mecánico que furioso justamente porque le falta la inventiva de Freese en las percusiones. El tono cambia con “So Long, And Thanks For All The Fish” que se pretende ingeniosa al celebrar el inminente holocausto nuclear y subrayarlo con una tonada alegre.

Tristemente el fingido entusiasmo con el que el cantante alude a las celebridades que se han despedido últimamente de este mundo es lo más cerca que está de mostrar alguna emoción en Eat the Elephant. Estamos muy lejos de “Sleeping Beauty” o “Weak and Powerless”. Keenan no se exalta ni siquiera cuando el tema lo amerita, por ejemplo cuando las letras de “TalkTalk” expresan indignación por la negativa de las autoridades de Estados Unidos a hacer algo para evitar los tiroteos que han causado tantas muertes ("Thoughts and prayers / Like cake in a crisis / While you deliberate / Bodies accumulate").

Uno puede apreciar en un nivel intelectual la influencia de Depeche Mode en “Hourglass” o la calidad de los arreglos en “By and Down the River”, que al menos tiene un poco más de fuerza que el resto de las canciones, pero a Eat the Elephant ese elemento visceral y emocional que hizo de A Perfect Circle un clásico de los 2000s.

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