Contra lo imposible, la rivalidad entre Ford y Ferrari recreada por James Mangold

Contra lo imposible, la rivalidad entre Ford y Ferrari recreada por James Mangold

Por: Marco González Ambriz

El público masivo reconoce al director James Mangold por su asociación con uno de los superhéroes más populares de Marvel. En 2013 estuvo a cargo de The Wolverine, que si bien no trascendía la fórmula sí nos hizo olvidar la desastrosa X-Men Origins, y en 2017 le dio un toque de western a Logan, con lo que demostró que el cine de justicieros enmascarados podía tener un tono mucho más maduro.

La carrera de Mangold, sin embargo, se extiende hasta 1995, cuando filmó Heavy. Su trayectoria desde entonces ha sido desigual, con bodrios como Encuentro explosivo o con ideas prometedoras que no cuajaban, como en Identidad. Lo más destacado de su obra había sido la que se inspiraba en el Hollywood clásico, como la ya mencionada Logan o 3:10 misión peligrosa, que era el remake de un western de los años 50.

Ahora Mangold regresa a esa época, tanto en forma como en fondo, para narrar la rivalidad entre Ford y Ferrari en la década de los 60, cuando un fallido intento por parte de los norteamericanos por comprar la empresa italiana llevó a Henry Ford II a obstinarse por ganar las 24 Horas de Le Mans, en ese entonces dominada por la escudería del Cavallino Rampante.

Al tratarse de una producción estadounidense no cabe duda en la mente del espectador que Ford se saldrá con la suya al final. No faltará quien critique el patrioterismo de Hollywood o señale que los italianos podrían hacer 20 películas similares sobre sus hazañas en el deporte automotor de esa misma época, pero esta es la historia que Mangold quiso contar y se ajusta en lo esencial a los hechos.

Pese a ser un tanto predecible, Contra lo imposible genera una dosis adecuada de suspenso al explicar todas las dificultades que debió superar el equipo encabezado por el diseñador de automóviles Carroll Shelby y el piloto británico Ken Miles para construir un bólido capaz de competir con los autos de Enzo Ferrari.

Mangold y sus guionistas, trabajando a partir del libro Go Like Hell: Ford, Ferrari and Their Battle for Speed and Glory at Le Mans, comunican lo suficiente sobre los problemas mecánicos del Ford GT40 para que cualquiera pueda entender lo que estaba en juego, aún sin ser experto en el tema.

Otra arma que tiene Contra lo imposible para involucrar al espectador son carreras de autos que están filmadas sin efectos digitales. Únicamente las multitudes en las gradas fueron recreadas por computadora, todo lo demás son vehículos reales manejados por pilotos auténticos, lo que ayuda mucho a mantener nuestro interés y a transmitir el riesgo que corrían esos hombres.

Como en toda película “basada en hechos reales”, es necesario recordar que no todo lo que vemos en pantalla sucedió tal cual. Un invento de la cinta es que Leo Beebe, el director ejecutivo de Ford a cargo del GT40, fue el villano del cuento al oponerse a que fuera Ken Miles quien corriera en Le Mans. Por otro lado, Contra lo imposible minimiza las aportaciones de otros ejecutivos de la empresa automotriz para resaltar la rebeldía de Shelby y su equipo.

A pesar de estas libertades, y de ser también una película chapada a la antigua en el sentido de que pone en primer plano la amistad masculina y deja para mejor ocasión la crítica social, Contra lo imposible es una cinta que nos recuerda lo que puede suceder cuando Hollywood pone sus recursos técnicos al servicio de un director que sabe cómo utilizarlos. Es una historia emocionante, bien contada y que recupera la mejor tradición del cine clásico.

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