¿Conoces a Tomás? es una comedia dramática que nos sensibiliza sobre el autismo

¿Conoces a Tomás? es una comedia dramática que nos sensibiliza sobre el autismo

Por: Marco González Ambriz

La primera película de la directora María Torres maneja un tono intermedio entre drama y comedia para tocar el tema del autismo sin caer en el chantaje sentimental ni en el moralismo, apoyándose sobre todo en el trabajo de sus actores.

El interés de la directora debutante en el tema parte de una circunstancia familiar. Su hermano es autista y por esta razón, cuando sus maestros de guión le aconsejaron escribir sobre algo que conociera, no dudó en planear una comedia romántica donde el trastorno del espectro autista tuviera un peso específico dentro de la trama.

Uso la etiqueta “comedia romántica” porque la historia que cuenta ¿Conoces a Tomás? se enfoca en la relación de pareja entre Leo (Leonardo Ortizgris) y Fer (Marcela Guirado), con el hermano de esta última, el Tomás del título (Hoze Meléndez), como un tercer elemento que altera la dinámica entre los dos. Hay una dosis de drama en la historia, pero en su mayor parte el relato es amable.

Dentro del cine mexicano la comedia romántica se ha ganado una mala reputación por lo repetitivo de sus fórmulas y por tener una manufactura demasiado similar a los peores programas cómicos de la televisión nacional. De hecho, los primeros instantes de ¿Conoces a Tomás? pueden generar alarma en el espectador porque nos muestran a un dúo musical alternativo que reinterpreta cumbias y canciones de banda con una intención irónica, como los Tropikal Forever pero más idiotas si cabe.

Pasado ese momento de pánico, pronto nos damos cuenta que la película va por otro camino, uno donde el humor se basa más en la observación que en la caricatura. Un ejemplo es lo importante que es el aspecto económico en la relación entre Leo y Fer. Ella es cirujana y por lo tanto tiene un ingreso mucho más estable que el de su pareja, un músico cuya carrera aún no ha despegado. No obstante, el dato se menciona para explicar por qué es tan importante para Fer que Leo muestre ser responsable al quedar al cuidado de Tomás y no como una simple excusa para los chistes fáciles.

El lenguaje audiovisual de la película está al servicio de la historia. No hay que esperar una puesta en escena espectacular o encuadres que llamen la atención por sí mismos, pero tampoco un estilo tan rutinario y deslucido como el de Mirreyes vs Godínez. La directora prefiere cederle el lugar principal a los actores y dejar que sean ellos, y no la cámara, los que dominen la pantalla. La excepción son las tomas subjetivas que se combinan con el diseño de audio para describir la perspectiva de Tomás.

Era muy importante que los actores, y no solo Hoze Meléndez, convivieran con personas con autismo para dar a entender que son individuos con problemas para la comunicación y la interacción social, no solamente una oportunidad para que los demás se sientan heroicos y comprensivos ante una supuesta tragedia, el error en el que caen muchas películas que quieren dar una moraleja sobre las personas con capacidades diferentes y que terminan por reforzar prejuicios.

En ese sentido, el trabajo de Meléndez, quien convivió con miembros de la Clínica Mexicana de Autismo para prepararse, es crucial para que ¿Conoces a Tomás? funcione, ya que debía recuperar la gesticulación de las personas que le sirvieron como modelo y a la vez evitar la exageración, un punto de equilibrio nada fácil en el que además tenía que hacer evidente la transformación de Tomás a partir de los eventos en los que está involucrado.

¿Conoces a Tomás? no es una película que reinvente un género o que carezca de antecedentes, en años recientes hubo largometrajes mexicanos con una temática similar, como fueron El marciano y yo, de Jesús Magaña, o Tamara y la Catarina, de Lucía Carreras, pero el debut como directora de María Torres es un recordatorio de que no es necesario elegir entre un entretenimiento sin sustancia y un cine artístico que sea difícil de digerir para el espectador promedio. Hay una tercera vía que puede diversificar al cine mexicano sin darle la espalda al público.

 

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