¿Cómo se atiende una emergencia médica a bordo de la Estación Espacial Internacional?

¿Cómo se atiende una emergencia médica a bordo de la Estación Espacial Internacional?

“Stephan, tienes una llamada desde el espacio”, fue lo que dijo la esposa del investigador Stephan Moll, experto en coágulos sanguíneos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte, antes de pasarle el teléfono.

La llamada provenía de un astronauta a bordo de la Estación Espacial Internacional y no fue precisamente una sorpresa para Moll porque unas semanas antes había sido contactado por la NASA por una emergencia médica: un astronauta a bordo de la EEI había sido diagnosticado con un coágulo en el cuello.

Esta es una condición que puede tratarse fácilmente en la Tierra, pero que resulta mucho más complicada de atender cuando estás a 320 kilómetros de la superficie del planeta y el acceso a medicinas es limitado.

Lo primero que pensó Moll cuando fue requerido por la NASA fue que viajaría hasta la EEI para evaluar y atender al paciente. Por cuestiones de logística esto fue imposible, por lo que Moll tuvo que diseñar un tratamiento en condiciones fuera de lo común.

En casos de trombosis lo que se hace normalmente es administrar un medicamento durante al menos tres meses para diluir la sangre, lo que evita que el coágulo crezca y así se reduce el daño que podría causar si se mueve a otra parte del cuerpo, como los pulmones. Siempre existe el riesgo de una hemorragia interna que podría necesitar una visita a la sala de urgencias.

En la Estación Espacial Internacional obviamente no hay una sala de emergencias, por lo que Moll y los doctores de la NASA decidieron que el paciente, cuyo nombre no ha sido revelado, debía recibir inyecciones del anticoagulante enoxaparina mientras un nuevo cargamento de medicinas llegaba a la estación. Tras 33 días se disminuyó la dosis para prolongar la terapia hasta que otro medicamento, el apixabán, pudo ser transportado a la EEI en una nave de suministros.

 

El mismo astronauta que recibió el tratamiento tuvo que realizar ultrasonidos en el área afectada para verificar si el coágulo se había reducido. Fue durante esa etapa del tratamiento que hizo la llamada a la casa de Moll para informarle de la evolución de su caso.

De acuerdo al experto, lo más sorprendente de la llamada fue que la calidad de la conexión era mejor que cuando habla con su familia en Alemania, a pesar de que la Estación Espacial Internacional se mueve a más de 27,000 kilómetros por hora.

Cuando el astronauta hizo el viaje de regreso tuvo que suspender el tratamiento, pero un examen médico, 24 horas después del aterrizaje, reveló que sólo quedaba un pequeño rastro del coágulo, mismo que desapareció 10 días más tarde.

Este caso ilustra las dificultades del tratamiento médico en el espacio, así como las posibilidades de la telemedicina moderna. Quedan varias preguntas por resolver sobre este caso, entre ellas si la trombosis que padeció el astronauta tuvo algo que ver con su estancia en el espacio. Si esto se comprueba sería necesario tener una mayor dotación de anticoagulantes en la EEI y también en las misiones espaciales que se tienen planeadas para llegar a la Luna o a Marte.

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