Chicos buenos: una comedia transgresora e inocente

Chicos buenos: una comedia transgresora e inocente

Chicos buenos: una comedia preadolescente que es transgresora e inocente a la vez

Chicos buenos: No es la comedia más original del año, pero esta película es un ejemplo de que el humor procaz es posible en la era de la corrección política. Es una comedia transgresora e inocente.

Este año se estrenaron dos comedias claramente inspiradas en Superbad. La primera fue La noche de las nerds, que tenía como protagonistas a dos chicas que buscaban experimentar en una sola noche toda la diversión que se habían perdido por dedicarse a estudiar y que para hacer más explícita la relación con Superbad tenía a Beanie Feldstein, la hermana menor de Jonah Hill, en uno de los papeles principales.

La segunda es Chicos buenos, que también es como Superbad pero con tres amigos de 12 años. Pese a su corta edad dicen leperadas como mecánicos, aunque a medida que avanza la historia nos damos cuenta de que los tres son mucho menos sofisticados de lo que pretenden. La mayor parte del humor se deriva de sus creencias sobre el sexo y las drogas, temas que invocan constantemente pero que desconocen casi por completo, como sospecho que nos pasaba a todos a esa edad.

Chicos buenos: una comedia preadolescente

La trama, que involucra drones y sustancias ilícitas, es altamente improbable. Está claro que es un mero pretexto para colocar a los niños en situaciones adultas para observar cómo reaccionan. Los padres de uno de ellos, por ejemplo, tienen la costumbre de dejar sus juguetes sexuales a la vista, lo que por supuesto provoca varios equívocos. Hay hasta persecuciones y escenas de acción que le dan un poco de variedad a un argumento que de otro modo se volvería repetitivo.

Al mismo tiempo, el guión, escrito por el director Gene Stupnitsky en colaboración con Lee Eisenberg, es menos cínico de lo que parece en primera instancia. Los guionistas nunca pierden de vista que sus tres protagonistas no han dejado de ser niños. Es una gran aventura para ellos viajar en bicicleta hasta el centro comercial al que normalmente los llevan sus padres en coche, la invitación a una fiesta donde habrá niñas y se jugará a la botella los deja en un estado de ansiedad que es más de lo que pueden soportar y para impresionar a los otros chicos están obligados a beber más de un sorbo de cerveza, una hazaña que sólo un verdadero puberto de pelo en… que sólo un verdadero puberto puede realizar.

La base es sólida, pero lo que hace a Chicos buenos convincente son las interpretaciones de Jacob Tremblay, Brady Noon y Keith L. Williams. A veces es demasiado obvio que la función de Noon y Williams es hacer el papel de diablo y ángel en los hombros de Tremblay, lo que no le impide a cada uno de ellos tener una personalidad definida y sus propias oportunidades de lucimiento. Williams es tal vez quien mejor las aprovecha, ya que además de tener los mejores diálogos muestra tener talento para la comedia física.

Chicos buenos está lejos de ser la comedia más innovadora del año y de hecho sigue un modelo que existe desde hace décadas, el de Porky’s o Barquillo de limón, una comedia transgresora e inocente. El director nunca niega que su película no existiría de no ser por esos antecedentes y al mismo tiempo entiende que ese tipo de humor provocador debe adaptarse a los tiempos actuales, de modo que las mujeres o las minorías raciales ya no sean el blanco de las burlas. Chicos buenos, sin embargo, no pierde fuerza y demuestra que aún en esta era hay lugar para un tipo de humor más transgresor.

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