Bon Iver inaugura una nueva etapa con I,I, su cuarto álbum

Bon Iver inaugura una nueva etapa con I,I, su cuarto álbum

En su cuarto disco Bon Iver alcanza un grado de madurez emocional y apertura que nadie pudo haber adivinado cuando Justin Vernon irrumpió en la escena musical con su propia versión del folk indie.

El origen de Bon Iver es tan poco convencional que han surgido varias leyendas alrededor de este proyecto del cantautor Justin Vernon. Como en todas las leyendas, hay algo de verdad en lo que se dice, aunque las circunstancias se adornaban cada vez que la historia se repetía. Conviene, por lo tanto, aclarar algunas cosas.

Sí, Bon Iver surgió después de que Vernon tuvo un doble fracaso, amoroso y musical, y decidió encerrarse en una cabaña donde permaneció aislado durante tres meses. Al regresar a la civilización llevaba consigo las nueve canciones de su primer disco, For Emma, Forever Ago, que sería en un fenómeno dentro del indie folk.

La leyenda dice que Vernon pasó todo ese tiempo obsesionado por la música y sin tener contacto con nadie, cuando la realidad es que su padre lo visitaba de vez en cuando y el cantautor pasaba buena parte del tiempo viendo películas y bebiendo. For Emma, Forever Ago fue apenas el inicio, pues en los tres discos siguientes de Bon Iver la orquestación creció, alejándose gradualmente del sonido íntimo de ese primer disco y encontrando en Kanye West a un improbable aliado.

I, I, el cuarto disco de Bon Iver, continúa con la experimentación, pero con un nuevo sentido de apertura. No porque las letras sean más comprensibles, porque Vernon sigue comunicando lo que quiere decir a través de melodías más que de palabras, sino porque ahora encontramos un sentido de comunión en la presencia de los más de treinta músicos invitados, algo que en su discografía previa estaba ausente.

Para muchas personas canciones como “Holyfields,” o “Sh’Diah” podrán parecer inconclusas, como un mero esbozo de algo que necesitaba trabajarse más antes de ver la luz, pero en I, I también pueden encontrarse algunas de las mejores piezas, porque es difícil hablar de canciones en el sentido tradicional, de la obra de Bon Iver.

Las mejores canciones son sin duda “Hey, Ma”, “U (Man Life)” y “Naeem”, que aparecen en ese orden a la mitad del álbum. La primera tiene un coro que se va transformando en cada reiteración hasta llegar a un clímax luminoso. “U (Man Life)” es una balada al piano con una influencia góspel y letras que son inusualmente entendibles gracias a la colaboración del Brooklyn Youth Chorus. “Naeem” es otra canción que tiene un arranque simple y que va en aumento hasta abrumar al oyente.

 

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