Ad Astra: hacia las estrellas, un viaje introspectivo hasta los confines del sistema solar

Ad Astra: hacia las estrellas, un viaje introspectivo hasta los confines del sistema solar

Por: Marco González Ambriz

Ad Astra es un espectáculo de ciencia ficción donde la tecnología y los efectos especiales nunca llegan a rebasar el conflicto humano que está en el centro de la narración y que se sostiene gracias al sólido trabajo de su actor principal.

La película tiene como protagonista absoluto a Brad Pitt, quien interpreta al ingeniero Roy McBride, un astronauta que es convocado por el gobierno para cumplir una misión secreta que puede ser la única salvación para la humanidad. Una serie de pulsos electromagnéticos provenientes de algún lugar cerca de Neptuno están provocando fallas tecnológicas y con ellas miles de muertes.

Las autoridades militares de Estados Unidos creen que el fenómeno tiene alguna relación con Clifford McBride, el padre de Roy, quien 26 años antes encabezara un viaje a Neptuno en busca de signos de inteligencia extraterrestre, antes de desaparecer con toda su tripulación.

En Ad Astra la relación entre Roy y su padre tiene la misma importancia que los peligros del viaje que lleva al protagonista a la Luna, a Marte y finalmente hasta los límites del espacio explorado por el hombre. La historia transcurre en un futuro próximo donde las visitas a la Luna son rutinarias y al mismo tiempo el satélite es un territorio en disputa que no está bajo la jurisdicción de ningún país en particular.

El director James Gray se inclina más por examinar el estado de ánimo de Roy que por las aventuras espaciales al uso, aunque al ser Ad Astra una producción con un presupuesto de casi 90 millones de dólares eran prácticamente obligatorias las secuencias de acción, de modo que el espectáculo sea más digerible para el público no acostumbrado a un cine más contemplativo. No obstante, Gray consigue un equilibrio entre los efectos especiales y la intimidad de los personajes.

La escena donde Roy y su escolta son perseguidos por piratas sobre la superficie de la Luna alterna con momentos donde el impávido protagonista empieza a dudar sobre su misión. Esto lo expresa el director a través de las evaluaciones psicológicas que Roy, que el astronauta está obligado a realizar en cada etapa de su viaje, y de forma mucho menos sutil a través de una voz en off que nos transmite cada uno de sus pensamientos.

Por cada observación que Roy hace sobre sí mismo y que nos hace entender mejor su carácter (en una de las primeras escenas reconoce que se siente como un impostor) hay otras cinco que nos explican algo que las imágenes ya habían dejado claro, como cuando el protagonista tiene un contratiempo en Marte y despotrica contra sus superiores.

Otro obstáculo para la mayoría de los espectadores será que no hay un mensaje claro. En el nivel más superficial la película narra la reconciliación de Roy con sus raíces y su transformación en una persona más dispuesta a establecer vínculos afectivos con los demás, lo cual es enfatizado por la voz en off de Brad Pitt en una de las últimas escenas, y sin embargo esa moraleja parece poca cosa para una cinta que plantea temas más interesantes a lo largo de dos horas, incluyendo el precio de abandonarlo todo con tal de saciar la sed de conocimiento (algo que Gray ya había tratado en su anterior The Lost City of Z).

A pesar de estos detalles, Ad Astra se beneficia enormemente de una manufactura impecable, la fotografía de Hoyte van Hoytema le da una cualidad distintiva a cada fase de la travesía de Roy, y de un Brad Pitt que está tal vez en el mejor momento de su carrera. Es ciencia ficción que ocupa un punto intermedio entre 2001: Odisea del espacio y cintas recientes como Gravity o The Martian.

Trailer:

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