1917, un conmovedor paseo por la tragedia de la Primera Guerra Mundial

1917, un conmovedor paseo por la tragedia de la Primera Guerra Mundial

Por: Marco González Ambriz

Una de las imágenes más memorables en la historia del cine es el recorrido que hace la cámara a lo largo de una trinchera en la película Senderos de gloria (1957), de Stanley Kubrick. En esa escena un general del ejército francés, que planea lanzar un ataque contra una posición alemana aunque sabe que las posibilidades de éxito son nulas, visita a los soldados que están a punto de ser masacrados para animarlos a combatir.

Es una toma larga, que se interrumpe con acercamientos, para describir el entorno de los soldados, la mayoría muy jóvenes, que a lo largo de los cuatro años de la Primera Guerra Mundial pagaron el precio por las ambiciones imperialistas de sus gobernantes.

Esa película, y esa escena en particular, es la inspiración obvia para 1917, la cinta de Sam Mendes que se une a la lista de películas que describen los horrores de la Primera Guerra Mundial. No es una lista demasiado extensa, sobre todo en comparación a lo que se ha producido sobre la Segunda Guerra Mundial o el conflicto de Vietnam, pero incluye un buen número de obras maestras. Además de Senderos de gloria podemos mencionar Sin novedad en el frente (1930) o La gran ilusión (1937).

Lo más llamativo de 1917 es sin duda la hazaña técnica que significa simular una sola toma para recrear un periodo de 12 horas en la vida de dos soldados británicos, que tienen la misión de detener un ataque que está previsto para el amanecer del día siguiente porque el alto mando tiene nueva información que confirma que se trata de una trampa alemana.

No es difícil identificar dónde se hicieron algunos cortes, hay incluso una escena donde uno de los protagonistas queda inconsciente y se hace una pausa dentro de la narración. En una época donde estamos acostumbrados a los efectos especiales de última generación, en la que parecería que ya nada puede sorprendernos, hay varios momentos en 1917 donde hasta el espectador más experimentado es incapaz de adivinar cómo se logró filmar lo que aparece en pantalla.

El gran mérito de Sam Mendes y de sus colaboradores, en particular el fotógrafo Roger Deakins, es que la ilusión de un largometraje sin cortes se consigue sin que la parte técnica sea lo único que ocupa la atención del público. La historia, que se basa en las experiencias personales de su abuelo paterno, Alfred Mendes, nos engancha porque es sencilla y es muy fácil identificarse con los soldados a los que acompañamos en su travesía.

1917 no es una película que busque explicar el contexto de la Primera Guerra Mundial, denunciar sus causas (que, por cierto, aún son debatidas por los historiadores) o explorar la mentalidad de los soldados. Se limita a describir el entorno inmediato de los protagonistas y gracias que pasa de un ambiente a otro, de la “tierra de nadie” entre las líneas enemigas a las minas acondicionadas como trincheras, de los prados que no fueron tocados por la artillería a los poblados en ruinas, existe la suficiente variedad en el relato para que la película nunca sea aburrida.

Por otro lado, Mendes entiende que simular una sola toma no debe ser una excusa para abandonar las posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico tradicional, por lo que coloca a los actores y a la cámara de manera que se puedan hacer close-ups o tomas más abiertas, enfatizando detalles de acuerdo a las necesidades de cada escena.

Gracias a esto, y al trabajo de George MacKay y Dean-Charles Chapman en los papeles principales, 1917 es inmersiva en un sentido mucho más profundo que las películas de ciencia ficción o superhéroes pueden ser. La identificación del espectador con estos dos jóvenes, que arriesgan sus vidas para salvar las de cientos de sus compatriotas, además se logra sin glorificar la guerra.

Uno de los grandes retos del cine bélico, incluyendo al que trata de subrayar lo absurdo de la guerra, es plasmar la realidad de las batallas sin que las explosiones y los actos de valor sean tan emocionantes que nos hagan olvidar el mensaje principal. 1917, al asumir el punto de vista de dos soldados y no dejarse distraer con otros personajes, incluso cuando los interpretan actores tan conocidos como Benedict Cumberbatch o Colin Firth, supera esa prueba y conmemora el sacrificio que hicieron quienes participaron en una guerra que, como todos los conflictos bélicos, comienza a ser olvidada por las nuevas generaciones.

Trailer:

 

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