108 Costuras es la película de beisbol que el cine mexicano no necesita

108 Costuras es la película de beisbol que el cine mexicano no necesita

Por: Marco González Ambriz

No debería ser tan difícil hacer una película basada en un deporte, sobre todo porque ya se ha hecho muchas veces, pero la producción mexicana 108 Costuras es apenas una serie de escenas sueltas que no transmiten pasión por el beisbol.

Este año el cine mexicano ha roto récords de taquilla y la razón, todos los sabemos, es el auge que están teniendo las comedias románticas. No es raro, por lo tanto, que los productores busquen otros géneros que puedan ser igualmente lucrativos y el cine deportivo, que además tiene una larga tradición en México, parece ser una buena opción.

Para que se consolide, sin embargo, será necesario que las películas por venir sean mejores que 108 Costuras, un drama que gira en torno al beisbol y que resulta bastante fallido a pesar que sigue una fórmula muy conocida.

Todos hemos visto películas de este tipo, donde un equipo que no es el favorito para ganar llega hasta la final de un torneo a base de disciplina y entusiasmo, muchas veces siguiendo los consejos de un entrenador veterano que ha visto mejores épocas. En el camino los jugadores redescubren los valores de la práctica deportiva, ponen a prueba su amistad, se distraen en una subtrama romántica, y así por el estilo hasta que todo se resuelve en una última jugada cuando quedan pocos segundos en el reloj.

Esto último no aplica en el beisbol, obviamente, pero todo lo demás sin duda era lo que se propuso el director Fernando Kalife. Los otros ingredientes que he mencionado están en el guión, que fue escrito nada menos que por siete personas, algo que nunca es una buena señal porque indica que hubo demasiadas revisiones y cambios durante la producción.

Esa indecisión se nota, por ejemplo, en la forma como 108 Costuras aborda el beisbol mismo. Hay un diálogo donde un personaje pregunta por qué es importante la Serie del Caribe, evidentemente para beneficio de espectadores no muy familiarizados con el tema. El diálogo suena forzado porque quien hace la pregunta es un entusiasta del beisbol que ya debería conocer la respuesta. No obstante, durante el resto de la cinta los siete guionistas y el director hacen poco por explicar los detalles finos del juego, algo que no pasa en las películas estadounidenses que giran en torno al deporte.

Los realizadores dan por hecho que uno se va a emocionar cuando aparezcan en pantalla los equipos reales de la Liga Mexicana del Pacífico, como los Naranjeros de Hermosillo o los Mayos de Navojoa, pero no hacen mucho por plasmar el dramatismo de un auténtico juego de beisbol, a pesar de que las imágenes van acompañadas de las voces en off de locutores que buscan convencernos de que estamos viendo un partido memorable.

Igual de preocupante es que los guionistas den por hecho que vamos a simpatizar con los dos personajes principales sin darnos motivos para ello. Sabemos que Reynaldo es serio y Mauricio es indisciplinado porque hay diálogos que lo mencionan, cuando debería ser el comportamiento de ambos peloteros el que nos transmita esa información. Los dos personajes son planos, a pesar de que Kuno Becker lo asume con seriedad y José Ángel Bichir es la elección adecuada para el papel de un tipo que se cree más simpático de lo que realmente es.

Sin una adecuada descripción de los dos personajes el mensaje principal, sobre una amistad que resiste al paso de los años, la distancia y los malentendidos, se pierde por completo, por lo que la película se convierte en un desfile de escenas sueltas que nunca llegan a tener cohesión dramática.

Hay personajes, como el del abuelo que interpreta Mauricio Herrera o la chica guapa (no la puedo describir de otra manera porque no tiene otro rasgo distintivo) que hace Fabiola Guajardo, que no tienen ningún peso dentro de la trama porque salen en dos escenas y luego desaparecen. Tal vez eso explica por qué la cinta está saturada de música de todos tipos y géneros, subrayando la inexistente comicidad de algunas escenas o interrumpiendo el flujo de la narración para que sea aún más torpe.

 

 

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